Ira e Irritabilidad

 

Antonio dirige su propia empresa de construcción. Acudió a consulta cuando reconoció que las cosas parecían que se le estaban yendo de las manos. En el trabajo, había tenido enfrentamientos con casi todos sus compañeros, incluso una vez casi llegando a las manos. Nos relataba “… son unos inútiles, me sacan de mis casillas. Todos! No se salva ni uno! A veces tengo que escuchar sus tonterías. Excusas para decirme que tal trabajo no ha salido, que se han confundido, que se han olvidado. Me caliento, me caliento y al final, como es normal, exploto y no me controlo, grito, insulto, amenazo…alguna vez he tirado cosas por los aires o le he dado puñetazos a las cosas. En el trabajo ya me tienen miedo. Cuando luego me calmo, la verdad es que lo paso mal, no me parecen normales mi reacciones, pero tampoco sé como controlarlo...”

 

Por otro lado, también su vida familiar se había visto afectada, su mujer quería la separación. “…Son muchas las situaciones en las que Antonio pierde los estribos, no se puede razonar ni hablar con él, está a la que salta… sí luego perdón… lo siento … pero eso ya no me vale. Los amigos lo dicen, no se puede hablar con él de ningún tema, no soy la única que lo dice…”

 

Hoy por hoy, Antonio ha aprendido a controlar su ira y a vivir felizmente con sus emociones, todo ello gracias a su deseo de superar su problema y a participar en  un programa de control de la ira.

 

La ira, como la tristeza, como el miedo, es una emoción más del repertorio de emociones que posee el ser humano.  

Por un lado existe una “ira sana”  que nos resulta tremendamente útil, por ejemplo, a la hora de conseguir nuestras metas,  superando los obstáculos que impedirían  llegar a nuestros objetivos.

 

Sin embargo existe otra ira, descontrolada y excesiva, que no nos resulta beneficiosa ni a corto ni a largo plazo. Aquella que nos controla en situaciones en las que nos sentimos amenazados,  irritados, furiosos, en aquellas situaciones en las que nos sentimos desbordados, dominados por nuestra emoción.

 

Es importante reconocer que uno de los mayores costos de la ira es el daño que esta causa sobre todo a nuestras relaciones personales.  Es curioso! La mayoría de las veces que nos enfadamos, no lo hacemos con personas que nos caen mal (entonces lo podríamos entender un poco mejor), sino con la gente que mejor nos conoce, con aquellas personas con las que tenemos más confianza; familia, amigos y compañeros de trabajo.

Las personas tienen diferentes niveles respecto al umbral que activa ira. Unas personas saltan más fácilmente que otras, por ejemplo, no todos reaccionamos de la misma manera ante “las pirulas” de los otros conductores.

 

Existen  factores ambientales, biológicos y psicológicos que hacen a determinadas personas ser más propensas a reaccionar iracundamente. Una de estas  variables es el perfeccionismo, que afecta directamente a la aparición de respuestas de ira. La persona perfeccionista presenta estándares muy rígidos sobre como deberían ser las cosas, también de su propio rendimiento y del de los demás. Si le interrumpen, comete o cometen errores o no salen las cosas como ellos esperaban, terminan “saltando”  y se produce lo que denominamos los psicólogos “secuestro emocional”, dificultando o impidiendo considerar otras formas de reaccionar y planteando diferentes interpretaciones al problema.

 

Existen muchas ideas erróneas sobre como tratar este problema. Por un lado se nos dice que es mejor que  no nos enfrentemos ante personas que nos tratan mal, que no ofrezcamos resistencia porque así empeoran las cosas. Nada más alejado de la realidad, esta resignación puede provocar que se repita esta injusticia, incluso acrecentarla. Por otro lado de esta manera, no defiendo mis deseos, opiniones e intereses tan importantes para el desarrollo de mi autoestima. 

Existen también otras personas que nos remiten a expresar nuestra ira cuando lo necesitemos, como una manera de estar vivo, en la que “no nos dejemos comer”.

 

Pero ¿somos conscientes de los costos que para nosotros acarrean estas posturas?

 

  • La ira destruye las relaciones personales

  • La ira afecta negativamente nuestras relaciones laborales

  • La ira suele empeorar la situación

  • La ira puede causarnos enfermedades, como problemas de corazón…

 

Responder ante los problemas y frustraciones con ira no es el único camino. Existen métodos científicamente comprobados que nos ayudan a sentirnos mejor, sufrir menos y ser más felices.

 

Como Antonio, todos podemos controlar nuestra ira. Si no interpretamos las situaciones como amenazantes, si sabemos como relajarnos para que la emoción no nos domine. Si aprendemos a expresar nuestras ideas, sentimientos, opiniones desde otro estilo de comunicación que no sea el agresivo, habremos conseguido el control de nuestra ira.

 

Eutrés

Doctor Esquerdo, 112

Telf.: 91 552 12 22

eutres@ya.com